Crítica: After Life, Temporadas 1 y 2 (2017)

02.10.2020

Valoración 4,5/5 

Desde que en 2013 estrenó House of Cards, Netflix no ha parado de producir a mansalva series, películas, documentales o incluso cortometrajes. A lo largo de siete años, la compañía americana ha ido añadiendo más y más contenido a su catálogo, que ya acumula una cantidad monstruosa de producciones propias. 

Resulta curioso, eso sí, que el contenido que sobresale no es siempre el mejor. Nadie duda de la calidad de Stranger Things (al menos sus primeras temporadas) o Narcos, aunque quizás es más cuestionable la de otros productos que han sido y siguen siendo temas de conversación. Como consecuencia del efecto boca a boca, hay una gran parte de material de gran calidad de Netflix que pasa muy desapercibido. 

Es el caso de la serie que hoy nos concierne: After Life. No nos confundamos: no estamos diciendo que esta serie sea una absoluta desconocida que necesita ser reivindicada. Es evidente que si ha sido renovada para una tercera temporada es porque ha encontrado una cantidad aceptable de público que la valora. Lo que es innegable es que no es una de las series insignias que la plataforma usa en su promoción y que, al igual que le pasa a Así nos ven o El método Kominsky, la buena crítica no va cogida de la mano con el éxito rotundo de audiencias.

After Life está creada, dirigida, escrita y protagonizada por Ricky Gervais. Este humorista inglés lleva años haciendo reír con su humor negro y polémico (para muestra, su monólogo Humanity, también en Netflix). Muy sonados han sido sus discursos en los Globos de oro, donde no deja títere con cabeza. Eso sí, Gervais no es sólo un humorista transgresor, sino también un hombre respetado por los premios y la crítica: el creador de The Office suma siete BAFTA, dos Emmys y tres Globos de oro. 

Con After Life, Ricky Gervais nos muestra su lado más humano y sentimental. Esta serie, estrenada en 2019 y cuya segunda temporada llegó en el pasado mes de abril, nos presenta a Tony, un hombre que vivía una vida perfecta con su mujer en un tranquilo pueblo inglés, pero al que la tragedia llega a su vida. El fallecimiento de su esposa por un cáncer le lleva a una profunda depresión que convierte a Tony en un ser triste, apagado y en ocasiones cruel en sus comentarios. 

El depresivo Tony pasa sus días en un bucle: pensamientos de suicidios, paseos con su perra Brandy, visitar a su padre en su residencia (interpretado por el entrañable David Bradley), ir al periódico local de dudosa calidad que dirige su cuñado y ver vídeos e imágenes de su difunta mujer. Al día siguiente, vuelta a empezar. Siempre con el mismo dolor que poco a poco le destruye.

Tony, interpretado de forma muy convincente por Ricky Gervais, necesita ayuda, aunque le cueste expresarlo. Por ello, aunque él sea reticente, es clave la presencia en su vida de otras personas que le ayuden a salir de su apatía. No son, ni mucho menos, ángeles de la guarda, y también tienen sus propios problemas (la serie va incidiendo poco a poco en ellos), pero sí son una ayuda para el protagonista. Y es que ahí reside uno de los temas principales de las de las dos primeras temporadas de After Life: nos necesitamos. La vida no es de color de rosas y la felicidad casi siempre será relativa, quizás momentánea, pero lo que está claro es que nunca seremos felices en la más absoluta soledad y amargura. 

Precisamente sobre los mencionados amigos de Tony, van ganando protagonismo en la serie, especialmente en la segunda temporada. Poco a poco iremos conociendo más sobre sus compañeros de trabajo, su cuñado, su inclasificable psicólogo o su cartero. No todas esas subtramas son igual de brillantes y la serie a veces cae a veces en un excesivo gusto por el humor escatológico o incluso sexual. De todas formas, son minucias en un conjunto realmente bueno.

Si uno pretende reírse a carcajadas o desconectar de la vida por unos 30 minutos, es posible que After Life no sea la mejor opción. Por supuesto que te sacará sonrisas (tiene momentos de humor brillantes), pero no es su objetivo principal. Es una de esas series ideales para pensar y reflexionar sobre la vida y sus momentos de felicidad o tristeza. Si eres sensible, es muy posible que incluso llores. Y eso no tiene nada de malo, claro.

La serie de Ricky Gervais deja clara en sus dos primeras temporadas sus muchas virtudes y sus pocas contras. Se le puede acusar de ser un poco reincidente en su mensaje, pero su guion inteligente y acertado termina engatusándote sin trucos ni sensiblerías baratas. Funciona muy bien y es de consumo rápido (que no fácil): por el momento son apenas 12 episodios de 30 minutos cada uno, aproximadamente.

After Life es una llamada a seguir intentándolo. Sí, tenemos que ser conscientes de que nada será igual sin esa persona y que la vida ya no será tan fácil (¿alguna vez lo fue?). Pero también tenemos que saber que no nos quedará otra que seguir adelante, intentando disfrutar de los placeres que se nos presentan. Vivir, en definitiva, con todas sus consecuencias.


Juan de Mata Galarza

Tinerfeño llegado a Madrid en septiembre de 2019. Hace unos años desarrolló una afición por el cine que ha ido creciendo a lo largo del tiempo hasta convertirse en su pasión principal. En Planos y Píxeles escribirá sobre películas y series. 

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